domingo, 17 de febrero de 2008

Sobre el honor y sus cualidades

La primera definición de honor de la RAE es: Cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo. Y por segunda definición tiene: Gloria o buena reputación que sigue a la virtud, al mérito o a las acciones heroicas, la cual trasciende a las familias, personas y acciones mismas de quien se la granjea.

El honor, un código harto olvidado hoy en día, y, sin saber como, repudiado o tomado a la ligera, es tachado porque no es "guay", ni progresista, es tomado, en muchos casos, como algo que debiera ser olvidado, enterrado y sellado para la eternidad.

Sin embargo, la definición explícita de honor nos dice que es algo bastante positivo. Empezando que es una "cualidad moral" (moral, es algo que escasea en la actualidad, la moral, esta siendo sustituida por un morbo irracional. Algunas cosas que antes se considerarían inmorales, hoy en día son normales, como si fuesen algo bueno). Esta cualidad moral, obliga al cumplimiento de los deberes, no solo a demandar nuestros derechos, que también tenemos y debemos defender, sino al cumplimiento de los deberes, especialmente los morales. Esto implica hacer lo correcto, regirse por una actitud correcta, un comportamiento correcto, en general, una vida de rectitud y devoción. No es algo que se consiga de un día para otro, y la vida coloca en situaciones donde es difícil saber que es lo correcto, por eso hay que tener una mente amplia y entrenada. Hay que saber meditar las acciones y medir sus consecuencias, conocer nuestros límites y tratar de romper barreras, siempre, en la dirección correcta. No tomar a la ligera nuestras palabras y nuestras acciones. Una persona de honor, es una persona que es capaz de tener una verdadera paz interior, puesto que no tiene nada de lo que arrepentirse dentro de su ser, puesto que siempre ha guiado su vida por el camino de lo correcto.

El honor no tiene inclinación por ninguna ideología política (como parece que muchos opinan), ni es una broma ni un juego, no es algo desfasado en el tiempo (aunque muchos opinan que es algo muerto y que forma mas parte de la leyenda que de la realidad), sino una forma de llevar la vida, de ver el mundo y de regir nuestras acciones. Una persona de honor, es una persona que cumple su palabra, sea cual sea, que mide sus palabras al milímetro, para además de tener una actitud correcta, no tener que arrepentirse de haber hablado, (el verdadero camino, es el camino sin remordimientos), es una persona que sabe controlarse, que tiene valor y coraje, que es cortés, sabio, que no se duerme en los laureles, que se esfuerza, que lleva la verdad siempre por delante, que no tiene miedo (a nada, ni al fracaso ni a la muerte), que tiene un profundo conocimiento de si mismo y que intenta comprender su entorno. Que no se queja de sus males o se los achaca a otros, que sabe sobrellevar los problemas y que mantiene intacta su dignidad y orgullo. Alguien de honor, que cumple sus deberes respecto del prójimo y de uno mismo, que hace lo que tiene que hacer (lo correcto) tanto con lo demás (le gusten o no esas personas) y consigo mismo.

Respecto a la segunda definición de honor, alguien que lleva una vida de honor y correctitud, quiera o no, tarde o temprano, esa vida tiene sus frutos. No se vive con honor por el hecho de querer esos frutos, es algo que surge, quien quiera tener honor por el hecho de esperar sus frutos, nunca los tendrá y nunca tendrá verdadero honor, porque no hace sus acciones por querer llevar un buen camino (y por lo tanto desinteresadamente) sino esperando el reconocimiento de los demás, es probable que no piense bien lo que hace, porque no se orientará hacia lo correcto sino a lo que hará que los demás le consideren alguien de honor, por lo que nunca podrá llevar el verdadero camino de lo correcto y del honor. Estos frutos que surgen del honor son bastantes y bien diferentes, aunque ciertamente en la antigüedad se le daba mucha más importancia al honor que en la actualidad, tampoco hay que ir muy atrás en la historia para ver que los caballeros desaparecieron no hace mucho, aun en 1900 quedaban caballeros, hombres que tenían honor y la tenían en muy alta estima.

La palabra de una persona de honor, en quienes conocen su modo de vida y su actitud, nunca será puesta en duda, se podrá tener una confianza ciega en esa persona y poner la mano en el fuego por ella. Será respetado por los demás (aunque siempre hay charlatanes, envidiosos y aduladores), podrá servir a los demás y a si mismo sin tener miedo cuando haga falta y siempre será bien recibido. La gente que le rodea le tendrá en alta estima y así además da ejemplo. Y alguien que sigue el camino del honor, ni estos frutos, ni miles de frutos más, ni miles de tentaciones deben desviarlo de su camino, y debe evitar a toda costa abandonar el camino de lo correcto.

Cada pequeña acción debe ser meditada sobre su correctitud, hasta la postura al sentarse, la forma de colocar el cuerpo, el apoyarse en donde no se debe. El respeto por los demás, la comprensión de las ideas y formas de vivir de los demás (que no digo aceptación, porque no debe considerarse correcto aceptar ideas o formas de vida que son por naturaleza injustas o van en contra de la dignidad humana), la aceptación de las buenas formas y el rechazo de las malas acciones. Hay que tener un control, tanto sobre nuestro cuerpo como sobre nuestra mente, rechazar las malos pensamientos, tener una mente clara y pensar por nosotros mismos. Cuando se nos plantee una idea que hace que se derrumben las nuestras, no dar el brazo a torcer rápidamente, si en el momento no se nos ocurre ningún planteamiento que defienda nuestra posición, habrá que aceptar la derrota, pero al tener rato libre hay que meditar ampliamente sobre el asunto, y tratar de encontrar lo correcto, si está en nuestra idea o en la nueva que se nos ha planteado, o quizás, en una fusión de ambas. Hay que tener una mente ciertamente entrenada, no dudar nunca sobre nuestras acciones, puesto que si han sido bien meditadas, serán correctas, y por lo tanto, hay que hacerlas sin dudar, hasta el final. Como dije antes rechazar los malos pensamientos, porque dejando que se llene la mente pensamientos incorrectos, será más fácil que empecemos a dejar el camino de lo correcto.

¿Por qué querer hacer lo correcto? Habrá gente que se pregunte porque ese machaque con hacer lo correcto, si realmente lo divertido es hacer lo incorrecto, saltarse las normas, hacer lo que se quiera, etc. ¿Para que molestarnos en hacer lo correcto? ¿O para que guiar nuestra vida según un código moral o unas normas? Es más fácil dejarnos llevar por las pasiones. Ciertamente vivir sin preocupaciones ni ataduras puede parecer (y sólo parecer) una forma de vida más atractiva que la antes mencionada. Parece más libre, sin tantas ocupaciones ni dificultades. Realmente esto es incorrecto, vivir sin ponerse una serie de normas y de códigos de conducta es ciertamente la forma de vivir atado. Lo primero es explicar el porque de vivir buscando hacer lo correcto. La razón más básica y simple es que vivir buscando hacer lo correcto sirve para mejorarnos a nosotros mismos, actuar con los demás de una forma agradable, o por lo menos, libre de reproche. Y aunque puede haber muchos puntos de vista distintos sobre lo que es correcto o no (porque hay muchas situaciones diferentes y muchas personas diferentes) siempre tenderemos a hacer lo mejor, el bien mejor, al querer hacer lo correcto, obteniendo una sensación de bienestar y paz interior que sería imposible obtener de otra forma. Buscar el camino correcto es buscar el camino de la verdad, es encontrar nuestra paz interior y manifestar esa paz a los demás. ¿Y cómo saber que es lo correcto y que no? Pues hay que pensar y meditar sobre lo que consideramos correcto y que no, sin una (aunque sea breve) meditación no podremos elegir verdaderamente el camino de lo correcto. Vivir sin habernos impuesto una serie de normas morales (y respetándolas) es reinar en un imperio de anarquía. El imperio somos nosotros y las leyes nuestros valores, debemos decidir que esta bien y que no, tampoco decir a todo si o a todo no, hay que hayar nuestra justa medida y buscar razones para esas decisiones. No decidir simplemente porque sí, todo tiene un porque y hay que buscar el porque de nuestro agrado o rechazo hacia las cosas. Vivir enfrascado en el mundo de las pasiones tampoco es algo bueno, pues nos esclaviza y deja un vacío dentro de nosotros. Cuando vivimos disfrutando en exceso (y a veces sin exceso) de los placeres físicos, requerimos de estos para estar bien causando una necesidad, una dependencia. Puede ser una dependencia fácil de cortar o no, (¿quién no conoce a un fumador que no consigue dejarlo?) pero por lo general cuesta dejar las dependencias, sobre todo cuando se necesitan para sentir placer o estar contento. La razón por la que dejan un vacío en nuestro interior es que las drogas (especialmente las que producen un cambio en nuestro estado mental) tras consumir lo suficiente para que hagan un efecto ligeramente fuerte (tener resaca al día siguiente, o simplemente dejarnos contentos (o colocados)) producen un cambio en la gente de despreocupación y desenfreno, comportándose en muchos casos como animales guiados solo por los instintos básicos. Se dicen cosas que no se debieran decir y se esconden tras el hecho de: estaba borracho (o lo que sea que estuviese) y se hacen cosas que normalmente no se harían (y que no se harían por alguna razón). Además normalmente (por no decir siempre) producen malestar general tanto en el cuerpo como en la mente. Realmente es difícil alcanzar una paz interior si embotamos nuestra mente con alcohol y drogas consumiendo nuestras fuerzas de una forma tan fútil y presumiblemente haciendo lo que no se debe hacer en el estado de embriaguez. Y es que el movernos por el mundo de las pasiones nos distrae de nuestros deberes, además de que nos incita a querer siempre más, pues como no nos sacian por completo, siempre querremos más y más, haciendo que nos comportemos como animales, por instinto. Y no sacian por completo, porque no sacian la sed del alma, que es la verdadera sed que sufrimos los mortales. La sed de conocimiento y de comprender el porque de la vida y de nuestra existencia. Las personas que eluden hacerse esas preguntas son débiles y asustadizos. Y las personas que intentan encontrar la felicidad por medio del placer físico, solo consiguen sentirse más desdichados, sino a corto plazo lo harán a largo, porque todos los placeres físicos tienen su contrapartida de dolor.

Y cuando hablo de dependencia a ciertas cosas, veo que la mayor dependencia que sufre todo el mundo, es el supuesto amor. Una palabra que en mi opinión a veces se usa muy a la ligera, sobre todo en los medios de comunicación. En videoclips que dicen la palabra "love" (amor en inglés)y se ve claro, q hablan de todo (o mas bien solo de sexo) pero no de amor. Se habla de amar a una persona cuando realmente todavía no se la conoce bien. Y asocian el mero sexo con amor, vaciando de contenido y esencia una palabra, en principio, tan hermosa. Pero los principales problemas que veo respecto a esto del amor es que primero, se vende la moto de que lo mas importante que hay es encontrar a la persona amada y segundo que la gente confunde amar con necesitar, y pasan de amar a alguien a necesitar de su presencia para vivir bien. No considero que encontrar a una pareja sea lo más importante de la vida ni mucho menos. Encontrar a una persona a la que realmente se ama puede suceder como no suceder, es algo más de suerte que otra cosa... Aunque con la cantidad de personas que hay en el mundo, es difícil que no pase, pero muchas veces, la gente vive esperando que suceda o lo busca con ahínco, y se obligan a creer que esta persona tiene que ser la que busca o la que ama, simplemente, por necesidad (o necedad), por querer tener a alguien, porque las personas no quieren estar solas... ¿Solas? Realmente vamos a estar menos solos con un/a novio/a (o persona que supuestamente amamos)? Mas bien, yo diría, que en la mayoría de los casos, se pasa de estar con muchas personas (amigos, familia), a estar con una única persona mucho tiempo. Se nos limita nuestra compañía a una única persona predilecta, que probablemente no tenga todas las virtudes del mundo (aunque a los enamorados les parezca lo contrario), perdiendo contacto con el resto y limitando tu vida, pensamiento e ideas a un único individuo. Creo que se está más solo así, que de la otra forma. Habría que saber distribuirse adecuadamente el tiempo y tener claro ciertamente si amamos de verdad o "por antojo". Y es que cuando se ama (de verdad o de antojo) si no se tiene cuidado se puede caer en la obsesión y en la necesidad. Obsesión de no dejar de pensar en esa persona y volverla el centro de nuestra existencia, cosa que hay que evitar a toda costa. Y también se da el caso en que las personas tergiversan el sentido del amor, pensando que la otra persona es SU pareja, es SUYA, y confunden amor con posesión, controlando la vida de la otra persona y modificando al individuo a su idea ideal, eliminando asi a la persona original de la que supuestamente estaba enamorado. Y si la pareja encima es tan débil o necesita tanto del otro para dejarse manipular como si fuese arcilla, pierde su orgullo y su significado y la otra persona lo convierte más que en su pareja, en su muñeco. Y así pasa muy a menudo y se modifican unos a otros. Y se limitan la vida y se besan y se dicen que son felices... Dulces mentiras para dormir tranquilos. Hay que tener cuidado si se busca el amor, más vale no buscarlo, sino encontrarlo como quien encuentra una bonita flor por casualidad. Es bueno descubrirla, observarla y admirarla, pero no arrancarla ni llevárnosla a casa, donde se marchitará y perderá su color y belleza.

Sobre nuestros objetivos. Cuando nos marcamos un objetivo en la vida, sea cual sea, si es un objetivo importante para nosotros, debemos poner el máximo empeño y esfuerzo en llevarlo a cabo. Esforzarnos al máximo y durante todo el tiempo necesario para cumplir ese objetivo, sin dudar sobre si lo lograremos o no o flaquear en nuestro ánimo. Simplemente trabajar para lograrlo, centrarnos en el objetivo hasta conseguir nuestra meta. Se puede dar el caso de que nos hayamos planteado una meta demasiado grande o que requiere mas tiempo del que podemos darle, debemos tener preferencias en nuestra vida y ver cuales son las realmente importantes. Aun así, siempre se puede dejar de lado durante un tiempo, hasta que nos podamos ocupar de ella, o si las cosas se tuercen y resulta que no lo podemos conseguir, podemos darle una victoria temporal y esperar el momento oportuno (sin obsesionarnos ni centrarnos en este objetivo ahora imposible de conseguir) hasta que se de una situación favorable para lograrlo. Tener siempre buen talante y humor, asi como fuerza y ánimo. No perder nunca la esperanza y luchar día a día con todas nuestras fuerzas para conseguir lo que queremos.

Y retomando el hilo de lo correcto, alguien que desea hacer lo correcto, debe ir siempre con la verdad por delante, conlleve lo que conlleve esto. Mentir implica, a parte de un acto deshonroso, ya que estamos quebrantando la confianza que ponen la gente que cree en nuestras palabras, una serie de problemas posteriores. El mentir hace que tengamos que vivir llevando mentiras a nuestras espaldas, y una sola mentira, para que no sea descubierta, puede hacer que tengamos que mentir más. Como ejercicio de realización imaginativa puede ser interesante, no lo pongo en duda, pero no es la forma correcta de llevar la vida. Se sabe perfectamente lo que implica ser una persona mentirosa, que la gente no tenga confianza en nuestras palabras y siempre se ponga en duda lo que decimos (sea verdad o no). ¿A quién no le contaron nunca la historia de Pedro y el Lobo de pequeño? Y no es no mentir por lo que puede suceder, es por algo moral y ético más básico aún. El hecho de mentir, como ya dije antes, quebranta la confianza de los demás en nosotros, y quebrante nuestra propia confianza en nosotros mismos, hay gente, que termina por creerse sus propias mentiras. Tenemos que ser concisos con la realidad y no intentar ver más allá de lo que simplemente hay. Con esto me refiero, a no montarnos nuestros mundos y batallas en los que las personas tienen siempre segundas intenciones para todo y todas son para hundirme a mi o para aprovecharse de mi, etc. Debemos ser capaces de percibir la realidad tal y como es, que si que pueden existir las segundas intenciones en las acciones de una persona, pero debemos aprender a ver cuando es así y cuando no. Si nos mentimos a nosotros mismos, seremos incapaces de hacer esto. Además, el hecho de llevar siempre la verdad por delante hace que tengamos más claras las cosas y dejarlas más claras a los demás. No creo en las mentiras inocentes o en las piadosas, las cosas son como son y, debemos conocerlas tal y como son, siempre.

Sobre la muerte. La muerte es inevitable. Es el final de la vida y según nuestras creencias, quizás el comienzo de otra nueva, o no. La cosa clara, es que es el final al que estamos ligados, nos guste aceptarlo o no. Y es preciso que lo aceptemos cuanto antes y no temamos morir. El miedo a la muerte es un lastre que no podemos permitir tener. Es un lastre, porque si tememos morir, ese miedo, estará presente en cada de una de nuestras acciones, nuestro excesivo apego a la vida, por el miedo a morir, hará que cometamos muchos actos deshonrosos, y que cuando se precise de coraje y de valor, huyamos con la cola entre las piernas. Y es que temer a la muerte es un acto más bien absurdo, puesto que forma parte de la vida. Es distinto el temer al dolor innecesario o vacío de sentido, el sufrir por sufrir, sin que con ello obtengamos un objetivo, que se nos obligue a sufrir sin sentido. Pero como tarde o temprano, la vida se acabará, debemos aceptarlo y prepararnos para morir, en vez de, huir de la idea y convencernos de que falta mucho para eso y olvidarlo en algún rincón de nuestra mente, para que, cuando aparezca la muerte, nos coja desprevenidos y sin habernos preparado. Por prepararse para la muerte me refiero, a haber meditado acerca de ella, sobre como nos gustaría que fuese nuestro fin, y como afrontaremos ese fin. Como viviremos nuestra vida para que nos podamos sentir contentos con ella hasta el último momento. Si no nos paramos a meditar sobre nuestra muerte, no podremos desarrollar nuestra vida de la forma en que queramos que lo haga. Solamente responderemos a los estímulos del presente según lo que consideremos mejor en ese momento, pero si, tenemos un objetivo final, queremos alcanzar un destino, una forma, un momento, un instante, con el que abandonaremos este mundo orgullosos de nosotros mismos, podremos guiar nuestra vida por el camino de lo correcto y de nuestra propia gloria. Y, quien no teme a la muerte, no teme a nada, porque lo peor que puede pasarnos, es morir, puesto que por el hecho de estar vivos hay esperanza, y con esperanza, todos podemos vivir con un mínimo de felicidad en nuestro interior. Hay que aceptar tanto nuestra muerte como la de los que nos rodean.

Y los que persiguen absurdamente la inmortalidad terrena, o sueñan con ella, son unos necios con un apego excesivo a la vida, pues lo correcto es morir. Ciertamente la inmortalidad no nos otorga la felicidad que podemos creer que da, ni a nosotros ni al resto del mundo. Estamos aquí para desarrollarnos como personas, para aprender y enseñar, y finalmente dejar sitio para las futuras generaciones. Quién desea su vida antes que la de los que han de venir, es un egoísta indigno.

Y cuando se siente abatida nuestra alma por diversas razones que no somos capaces de explicar por completo y no sabemos bien como salir del agujero, hay que mirar dentro de nosotros y descubrir que falla. Pueden haber miles de razones o quizá solo una, pero si estamos mal, es que algo falla, y tenemos que ser capaces de descubrir que es lo que anda mal. Tenemos que ser más capaces aun de saber definir perfectamente cada sentimiento que experimentamos y estar atentos a los motivos que hacen que los tengamos. Debemos vivir siempre en un estado pleno de alerta, tanto de las situaciones externas como las internas, estar vigilantes, para llevarnos menos sorpresas (porque, la vida, siempre nos tiene preparadas sorpresas inevitables) que quizás no sean de todo nuestro agrado. Y si nos cansamos y queremos tirar la toalla, es prudente darse un pequeño descanso, pero volver a retomar el camino y no cesar en nuestro empeño. No rendirse jamás y dejar de lado las lamentaciones y penas. Tomar por distintos caminos o distintas estrategias, elegir el mejor camino para nosotros, habiéndolo meditado concienzudamente antes, pero no abandonarnos a la derrota. Estar siempre dispuestos a sacrificarnos por nuestras ideas y nuestros sueños, y también por las ideas y sueños de las personas que apreciamos, así como por ellos mismos. Respetar a los que ya no volverán y mantener un espíritu esperanzado y fuerte en su marcha. Consolar y animar al débil y al que sufre y recordar su pasada gloria para que no muera en el olvido. Nunca apagar (ni dejar que se apague) la llama de nuestra vida y nuestros sueños. Cada día sentirnos un poco mejor con nosotros y mejorar algún aspecto de nosotros. Todos los días dedicar un poco (o un mucho) de tiempo a meditar. Ser paciente y comedido, comprensivo (pero no manipulable), fuerte (pero no insensible y también flexible para no romperse), saber aconsejar y que los demás puedan tener plena confianza en nosotros. Intentar que nuestra vida sea tal que, sea imposible poder criticar algún rasgo de nuestro comportamiento y/o actitud. Mantener una mente limpia y sin contaminar, mantener inocencia en nuestro corazón a la vez que una mente fría y calculadora. Dominar las pasiones y los sentimientos, no tener dependencias de ningún tipo, ser libres en nuestro interior y cumplidores.

Sentir la vida en cada sorbo de aire. Y, ante todo, ser consecuentes con el tiempo que se nos ha dado.

Pedro Jiménez de León